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domingo, 16 de octubre de 2016

EL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA

El Jubileo de la Misericordia es el tiempo que prolonga el “año de la buena nueva a los pobres” abierto por el Señor Jesús como el mismo lo dijo en la sinagoga de Nazareth explicando el pasaje del profeta Isaías 61, 1-2, para ilustrar su misión en este mundo. (Cf. Lc. 4, 16- 21). Aquel año del evangelio de la misericordia, atraviesa siglos y milenios llegando también hasta nuestros días. El «hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír», proferido por Cristo en la sinagoga de Nazareth, viene a coincidir con el hoy de la Iglesia celebrante.

La economía litúrgica es, de hecho, el modo concreto que Dios ha elegido para encontrarse realmente con nosotros y que nosotros tenemos para encontrarnos con El, para escucharlo, responderle y acoger su abrazo amoroso aquí y ahora. A través de los signos sagrados la fuente de la misericordia divina llega hasta nuestra existencia y por tanto llega también la gracia que transfigura nuestra miseria. ¿Cómo experimentar la misericordia de Dios si no celebramos el memorial de la obra salvífica de Jesús? Aquello que Jesús realizó una vez sobre las calles de la Galilea y de la Judea, continúa llevándose a cabo a través de los sacramentos. Esto es suficiente para recordar que el Jubileo, hoy como ayer, pertenece a la economía sacramental de la Iglesia.

Considerando la tradición ritual del Año santo, se ve que los elementos particulares ligados al tiempo (año), lugares (catedrales y santuarios), acciones (pasar por la puerta santa) y obras piadosas (peregrinaciones, penitencias, oraciones, obras de caridad), no han estado nunca desligados de la Confesión y de la Comunión. Se debe por tanto reconocer que, con excepción del rito papal de la apertura de la Puerta santa y de las prescripciones para obtener la indulgencia, la ritualidad del Jubileo -especialmente en los últimos años santos- se refiere a la ritualidad de la Iglesia y además la supone. Con lo anterior queda claro que este Año Santo de la Misericordia es un periodo oportuno y favorable que nos concede la Iglesia a través del Santo Padre para experimentar con mayor profundidad la abundancia de la misericordia divina y esto a través de los signos sacramentales. 

Tenemos a mano los medios necesarios para acercarnos a recibir el favor de Dios –la indulgencia- a saber: la Confesión sacramental, la peregrinación a los lugares que ha dispuesto el Señor Obispo en nuestra Diócesis (La Catedral de La Dorada, la Concatedral de Guaduas, los santuarios de la Palma y de Chaguaní y los templos parroquiales de Manzanares y san Pedro Apóstol de Puerto Boyacá), el pasar por la puerta santa de estos lugares sagrados, la Comunión sacramental, la oración por las intenciones del Santo Padre y las obras de caridad. 

En el hoy de nuestra historia como peregrinos siguen resonando aquellas palabras del Maestro quien desde la sinagoga de Nazareth inauguró el año de gracia, el año de la misericordia. Al acoger agradecidos el don de la misericordia divina, podremos así mismo servir de canal para llevar a tantos hermanos tristes la alegría de la Buena Nueva, la alegría de la misericordia de Dios que se manifiesta sobre todo en su perdón amoroso. 
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